Capítulo 5: Entre el plan y la ejecución

El Plan Nacional de Salud Bucal reconoce el problema, pero las listas de espera aumentan y la jerarquía institucional de la odontología se reduce. Sin liderazgos directivos, datos trazables y políticas consistentes, el sistema no logra traducir la planificación en solución.

"No es de vida o muerte"

La lista de espera odontológica no es prioridad para el Ministerio de Salud como otras listas de espera, pues no es de vida o muerte la salud dental como otras patologías. De todo el aumento en el presupuesto, podría destinarse un 2% y la historia cambiaría, pero se entiende que no es prioridad, por ende la lista de espera dental no baja”, afirma Sebastián Zamorano, vicepresidente de la división chilena de la Asociación Internacional para la Investigación Dental, Oral y Craneofacial (IADR).

La afirmación no surge en el vacío. Mientras el Plan Nacional de Salud Bucal 2021-2030 reconoce la magnitud del problema, los casos en lista de espera No GES odontológica aumentaron un 14% entre 2023 y diciembre de 2025. La brecha entre diagnóstico y resultado persiste.

Hay un desmedro importante en términos orgánicos en esta administración, que en su momento se presentó con una política de salud oral súper potente (…) En la práctica no se cumplió nada”, declara el experto en salud pública, coordinador del Departamento de Salud Pública del Colegio de Cirujanos Dentistas y director de la Clinica Odontológica Docente Universidad Católica (CODUC), Patricio Palavecino.

Sin voz en el ministerio

Para Zamorano, la situación también se vincula con la eliminación del cargo de Director Nacional de Odontología del Ministerio de Salud. “Fue un golpe a la odontología porque ahora no tiene voz en ministerio”, sostiene. Fue un rol que se incorporó en 2020 y duró 4 años.

También Palavecino critica que “durante esta administración (…) sale del gabinete de la ministra de salud (…) lo reducen a un departamento o una oficina dentro de una división. Por lo tanto, su capacidad de injerencia desaparece”.

Mario Villalobos es el ex Director Nacional de Odontología y también  experto en gestión sanitaria. “Que la salud bucal tenga rango directivo significa, en términos simples, que deja de ser solo un ‘programa odontológico’ y pasa a ser un actor político dentro del Ministerio de Salud. Eso se traduce en capacidad real de incidir en las prioridades sanitarias y en la discusión presupuestaria”, no obstante, “al sacar la Dirección de Odontología del gabinete, la salud oral vuelve a ser secundaria”, explica.

Villalobos enfatiza que no se trata de una crítica personal: “No basta con reconocer en entrevistas o documentos que la situación de la salud oral es preocupante; la coherencia se juzga por cómo se organiza el aparato institucional y por las decisiones concretas que se toman”.

El Colegio de Cirujanos y Cirujanas Dentistas ha presentado el año pasado ante la Cámara de Diputados y Diputadas y han hecho un llamado a restituir el cargo y una entrega de una serie de medidas para el corto y mediano plazo.

Otra institución que ha promovido el foco de la atención en esta crisis es Fundación Sonrisas, una organización que busca reducir estas brechas, actuando a lo largo del país mediante la colaboración público-privado, donde odontólogos se despliegan parcialmente en territorios vulnerables para brindar atención dental gratuita durante un determinado período de tiempo.

Sin embargo, para Haleby la solución no puede depender de esfuerzos aislados. La urgencia, dice, es estructural. “Nuestra meta es que la salud bucal sea prioridad nacional. Queremos sensibilizar al próximo gobierno y lograr que se entienda que esto es una necesidad urgente. Nosotros solos no podemos resolverlo; los chilenos deben comprender por qué esto es prioritario y exigir políticas públicas reales”, afirma.

Esa necesidad motivó la creación de la campaña Cepillo sin dientes, una metáfora que interpela directamente al Estado: “no se puede promover el correcto cepillado si no hay dientes que cepillar”, comenta Haleby. Para ella, este gesto resume la contradicción de un sistema que “impulsa hábitos de higiene sin garantizar acceso oportuno a tratamientos básicos”.

Además, la odontóloga sostiene que»si instalamos una verdadera cultura de prevención y se prioriza la vigilancia, el gasto fiscal en tratamientos odontológicos sería significativamente menor, lo que va de la mano con tener información actualizada, ya que la última encuesta de percepción de salud bucal es de 2018. Hay muchas acciones posibles, pero sin políticas públicas sostenidas seguiremos repitiendo el mismo escenario.» 

También destaca lo importante de trabajar en la “alfabetización dental con niños”, porque «mientras mayor es la edad, mayor es el daño acumulado. Por eso vamos a los colegios: necesitamos intervenir temprano y formar hábitos que mantengan a los niños sanos en el tiempo. Eso es clave para reducir la demanda futura”, recalcó Haleby.

En un escenario óptimo, Sebastián Zamorano Vidal, vicepresidente de la división chilena de la IADR, comenta que “el sistema de salud ideal, sería sin esperar de por medio y sin tener que ir a consultar por dolor, si no por control rutinario, como limpiezas dentales, ir cada 3 a 6 meses al dentista para evitar el sobrecupo”.

Los habilitantes del sistema

La discusión suele centrarse en la falta de especialistas. Sin embargo, desde la gestión sanitaria el fenómeno es más complejo.

Félix Liberona, subdirector ejecutivo del Centro Nacional en Sistemas de Información en Salud (CENS), plantea que la gestión de listas de espera históricamente ha operado con información fragmentada y sin trazabilidad en tiempo real.

Hasta antes de este proyecto, la lista de espera se gestionaba a través de planillas Excel”, explica. Interconsultas que se ingresaban manualmente, egresos en archivos distintos y sistemas que no siempre lograban cruzar la información generaban un escenario donde no era posible saber con certeza dónde se producía el cuello de botella.

Para Liberona, el punto central no es únicamente la cantidad de especialistas, sino los “habilitantes” del sistema: infraestructura básica, conectividad, sistemas interoperables, capital humano capacitado y gobernanza sostenida. “Necesitamos condiciones básicas, higiénicas”, señala. “Internet, electricidad, computadores y personas capacitadas. Sin eso, cualquier estrategia corre el riesgo de quedar en piloto”.

Volviendo a La Araucanía, el director (s) del Servicio de Salud Araucanía Sur explicaba que «todavía tenemos zonas a pocos minutos de Temuco que solo hace dos años cuentan con conexión a internet. Esa realidad evidencia por qué necesitamos que el Estado, en su conjunto, considere las determinantes sociales propias de cada región al asignar recursos y diseñar políticas públicas. Solo así podremos mejorar realmente la calidad de vida y la salud de nuestra población».

Salud digital como una alternativa

Si se habla de avanzar en las habilitantes para disminuir las listas de espera odontológicas, hay un caso particular que destaca en el análisis del Visor Ciudadano.

Si vemos la lista de espera odontológica en 2018, el Servicio de Salud de Talcahuano (SST) tenía la máxima tasa de lista de espera cada 100,000 inscritos en el Servicio de Salud (SS), pero actualmente están dentro de los 10 Servicios de Salud (9° puesto) con lista de espera no GES odontológica más baja y no cuentan con una tendencia al alza relevante en comparación a otros SS en el país.

«Es interesante el tema de Talcahuano, (…) aprobaron como en octubre su estrategia de transformación digital. (…) Nosotros lo hemos estado acompañando, de lejos, porque tienen capacidades suficientes para hacerlo (…). El norte lo tienen súper claro en términos de la salud digital, y eso evidentemente, y esto que quede explícito, por favor, la salud digital es algo deseable, pero no es fundamental«, comenta el subdirector ejecutivo del CENS en el marco de su alianza con el SST.

En la misma línea, desde la SEREMI de la Región de La Araucanía, destacan en el documento que han compartido de Gestión Lista de Espera Plan Nacional de SB que la Teleodontología «en APS del SSAS está implementada para las tres especialidades (TTM, Ortodoncia y Patología Oral), en todas las comunas de la provincia de Cautín, excepto Vilcún».

«Hay una respuesta específica para el área odontológica que tiene que ver con que efectivamente el trabajo es muy directo. (…) Hacer una teleextracción de un tercer molar se podría, pero el costo es infinito. Ya es cara una cirugía en pabellón para sacarte la muela del juicio. Si tú lo hicieras con un robot a distancia, se podría», proyecta Félix Liberona.

Sobre competencias digitales en el sistema de salud, realizó el Informe CENS 2.0 en el marco

Entre pilotos y política de Estado

Desde CENS sostienen que la transformación digital en salud requiere algo más que proyectos exitosos. “Si no se transforma en estrategia, en política, en reglamentación, existe el riesgo de que quede en pilotos bonitos”, advierte Liberona.

La observación dialoga con el propio horizonte del Plan Nacional de Salud Bucal, cuyo período se extiende hasta 2030. El desafío no es únicamente reconocer el problema, sino consolidar capacidades institucionales que sobrevivan a los cambios de administración.

En ese escenario, la futura ministra de Salud, May Chomali, quien se desempeñó previamente como directora ejecutiva del CENS, asumirá con un mandato que coincide con el tramo final del plan dental. Su trayectoria ha estado ligada a procesos de transformación hospitalaria y gestión sanitaria, incluyendo la instalación de estándares internacionales y fortalecimiento de capacidades organizacionales.

El desafío será traducir esa experiencia en decisiones estructurales dentro del aparato ministerial, en un contexto donde las urgencias compiten entre sí.

La salud bucal no es una patología mortal inmediata, pero sus consecuencias son acumulativas y, en muchos casos, irreversibles. Endodoncias que no se realizan a tiempo terminan en exodoncias. Piezas que pudieron salvarse se pierden.

El plan existe.

El diagnóstico se conoce.

Las cifras son públicas.

La pregunta que permanece es si el sistema contará con las capacidades instaladas para que, de aquí a 2030, la espera deje de quitar sonrisas a miles de chilenas y chilenos cada año.

Por Aracely Molina y Catalina Taccone (2026). Profesora guía: Catalina Gaete.